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La Asociación Española de Pediatría (AEP), a través de su Comité de Salud Mental (CSM), ha emitido un llamado urgente para que la prevención del suicidio se inicie desde las primeras etapas de la infancia y la adolescencia. Esta advertencia se da con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se celebra cada 10 de septiembre, y subraya la importancia de generar entornos seguros y brindar acompañamiento emocional a los menores.
Según Paula Armero, coordinadora del Comité de Salud Mental de la AEP, “la prevención del suicidio debe comenzar cuanto antes mejor, creando entornos seguros, acompañando emocionalmente y garantizando recursos accesibles y de calidad”.
Aunque esta recomendación proviene de España, especialistas en salud mental de México destacan que sus principios son totalmente aplicables en nuestro país, donde el suicidio es ya una de las principales causas de mortalidad entre adolescentes. Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y de la Secretaría de Salud indican que los jóvenes mexicanos enfrentan presiones sociales, académicas y familiares que requieren atención especializada desde etapas tempranas.
Los expertos coinciden en que la detección temprana de señales de riesgo —como aislamiento, cambios de ánimo repentinos, desinterés por actividades cotidianas o mensajes de desesperanza— es clave para prevenir tragedias. La educación emocional en escuelas, el apoyo familiar y la disponibilidad de servicios de salud mental accesibles son factores determinantes para salvar vidas.
En México, instituciones como la Secretaría de Salud, la UNAM y asociaciones civiles especializadas en salud mental han impulsado líneas de atención y programas de contención para niños y adolescentes. Sin embargo, los especialistas recalcan que es necesario fortalecer la prevención primaria, capacitar a docentes y padres, y promover una cultura de acompañamiento y escucha activa.
La alerta de la AEP no solo sirve como guía internacional, sino como recordatorio de que la prevención del suicidio es una responsabilidad compartida, que debe comenzar en casa, en la escuela y en la comunidad. Las experiencias y protocolos desarrollados en otros países pueden ser adaptados para crear políticas más efectivas en México, con el objetivo de ofrecer un entorno seguro y protector para las nuevas generaciones.




